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El perrito de papel periódico

En medio de la lluvia implacable, una muchacha corría buscando refugio; temía que el agua fría calara sus huesos y le regalara un resfriado indeseado. Sus pasos la llevaron bajo el pórtico de una casa, donde una puerta azul se erguía como guardián del umbral. Allí, se detuvo, cruzando los brazos, esperando a que el cielo cerrara su grifo. Con los lentes empañados, los retiró para limpiarlos. Fue entonces cuando notó, a su lado, un perro de papel, moldeado de periódico, con las letras corriendo por su piel como ríos de tinta bajo la lluvia. El canino de celulosa se acercó, buscando el calor que su cuerpo no podía generar. Temiendo que se deshiciera, ella lo abrazó con delicadeza, protegiéndolo de las gotas rebeldes. La lluvia cesó, y juntos se dirigieron a su departamento. En el sofá descansó al perrito, mientras buscaba una secadora para devolverle la forma. Con ternura, lo alimentó, reparó sus desgarros con cinta, replegó sus extremidades, y redibujó un ojo casi borrado por el agua. P...

El tenedor

Caminaba por la cafetería, mi mente enfrascada en ecuaciones y teoremas, moviéndome por inercia, como un sonámbulo en pleno día. Mis manos, actuando con voluntad propia, tomaron una bandeja para cargar el almuerzo. Variables y constantes revoloteaban en mi visión, un enjambre de números que se disipó cuando sentí una presión en mi hombro. Giré, buscando la fuente de aquel contacto, y al elevar la vista, un tenedor se presentó ante mí. No siempre se necesitan escenarios de ensueño para encuentros significativos; no es menester estar en las calles empedradas de Francia, ni en los canales de Venecia, ni en las playas exóticas de una isla remota. A veces, basta con una mirada, un gesto simple como el ofrecimiento de un tenedor, para que una cafetería ruidosa y común se transforme en el escenario perfecto para el inicio de algo extraordinario.

Temores ajenos

Sus labios, rosados y plenos, despiertan en mí temores ajenos, temo que, al rozarlos, en un dulce caos, mi mente se pierda, pero aún anhelo acariciarlos.

¿Qué es la vida?

La vida, una ilusión fugaz, es inspiración que siempre das, un suspiro en la inmensidad, mientras en silencio, te puedo mirar.

Azulejos azules

Azulejos azules en los árboles posados, con ojos que admiran, quedan encantados, dibujos y espejos en verdes matorrales, son embrujos caprichosos, pero siempre adorables.

El abrazo de mamá

Al nacer, el bebé sus brazos alza, como buscando en el aire una balanza, anhela sentirse seguro y amado, por el abrazo materno, ser acunado. Con el tiempo, al final de la jornada, en la vejez, con la mirada cansada, intentarán, con fuerza en sus brazos, aferrarse a recuerdos, a los lazos. Cuentan historias de un vislumbre esperado, al cerrar los ojos, el amor reencontrado, dicen ver a su madre, al otro lado, brindando paz al corazón agitado.

Tu nuca

Mujer de cabellos largos, ¿qué has hecho? Tu melena ahora corta, un nuevo trecho. ¡Mas mira! Un descubrimiento singular, un rincón de tu ser que empiezo a explorar. Tu nuca, antes oculta, hoy se revela, nunca imaginé tal belleza que consuela. Qué bella nuca tienes, oh mujer, con ese pelo corto, un juguetón querer. Deseo recorrer con mis labios, sin fin, y besar más de una vez, ese rincón, ese pedacito de piel, suave y divino, que me invita a soñar, en dulce destino.