La chica del café
Ella lo veía todos los días, sentado en la misma mesa, leyendo el periódico con atención. Le gustaba su forma de vestir, elegante pero informal, su cabello negro y sus ojos. Le gustaba su voz cuando le pedía un café con leche y un pedazo de pastel de moka. Le gustaba su sonrisa, discreta, amable y cuando le agradecía cuando le servían el café. Le gustaba imaginar su vida, sus sueños, sus secretos. Ella no se atrevía a hablarle más de lo necesario, temiendo romper el encanto. Se conformaba con observarlo desde la barra, mientras atendía a otros clientes, mientras limpiaba las tazas, mientras fingía estar ocupada. Se preguntaba si él la notaría, si le parecería bonita, si le diría algo más que un buenos días. Un día, él no vino. Ella se sintió extraña, vacía, decepcionada. Pensó que quizás estaría enfermo, o de viaje, o simplemente ocupado. Esperó que al día siguiente regresara, con su periódico, su café, su sonrisa. Pero no regresó. Ni al otro día, ni al otro, ni al otro. Ella empezó a ...