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Mostrando las entradas con la etiqueta Relatos

La chica del café

Ella lo veía todos los días, sentado en la misma mesa, leyendo el periódico con atención. Le gustaba su forma de vestir, elegante pero informal, su cabello negro y sus ojos. Le gustaba su voz cuando le pedía un café con leche y un pedazo de pastel de moka. Le gustaba su sonrisa, discreta, amable y cuando le agradecía cuando le servían el café. Le gustaba imaginar su vida, sus sueños, sus secretos. Ella no se atrevía a hablarle más de lo necesario, temiendo romper el encanto. Se conformaba con observarlo desde la barra, mientras atendía a otros clientes, mientras limpiaba las tazas, mientras fingía estar ocupada. Se preguntaba si él la notaría, si le parecería bonita, si le diría algo más que un buenos días. Un día, él no vino. Ella se sintió extraña, vacía, decepcionada. Pensó que quizás estaría enfermo, o de viaje, o simplemente ocupado. Esperó que al día siguiente regresara, con su periódico, su café, su sonrisa. Pero no regresó. Ni al otro día, ni al otro, ni al otro. Ella empezó a ...

Paloma de papel

Desde el otro lado del mundo, donde el invierno es verano y el sol se oculta al revés, te escribo este mensaje. Quiero contarte una historia que me ocurrió hace unos días, una de esas cosas que solo me pasan a mí y que tú siempre disfrutas tanto de escuchar. Caminaba por una calle abarrotada de gente, autos y ruido, cuando vi a una niña que vendía palomas de papel de distintos colores. Me acerqué a ella, pensando en comprarte una para enviártela como regalo de fin de año. La niña me miró con unos ojos grandes y tristes. Le pregunté cuánto costaban las palomas de papel, me respondió que dependía del color. Me señaló las palomas que tenía dentro de una jaula hecha con palitos de paleta, y me explicó que el rojo valía cinco pesos, el azul diez, el verde quince, el amarillo veinte y el blanco veinticinco. Le pregunté por qué el blanco era el más caro, me dijo que porque era el más bonito y el más difícil de conseguir. Me pareció una respuesta muy curiosa, le pregunté si podía elegir cualqu...

Laurely

Laurely se levantaba temprano cada mañana, se vestía con su uniforme de la casa de los leones. Luego, bajaba al comedor, allí disfrutaba de un delicioso desayuno y repasaba sus deberes. Después del desayuno, se dirigía a sus clases, que eran muy variadas y divertidas. Aprendía sobre hechizos, encantamientos, defensa contra las artes oscuras, historia de la magia, astronomía y más. Pero la clase que más le gustaba era botánica, que era la primera del día. En botánica, ella se sentía como en casa. Su profesora, la señorita Flores Silvestres, era muy amable y entusiasta, y le enseñaba todo lo que sabía sobre las plantas mágicas. Laurely escuchaba con atención y participaba activamente en las lecciones, que consistían en teoría y práctica. A veces, debían identificar y clasificar las plantas según sus características y propiedades. Otras veces, debían cuidar y cultivar las plantas, regándolas, podándolas y trasplantarlas. Y otras veces, debían usar las plantas para hacer pociones, remedios...

Una historia de familia

Era muy pequeño y apenas recuerdo que alcancé a conocer a mi bisabuela. Recuerdo vagamente una historia que escuché de ella. Su papá, siendo muy joven, él y su familia salieron de su pueblo por la guerra civil en México, la revolución mexicana o la guerra cristera, no sé bien exactamente. Toda su familia fue trasladada de su pueblo natal a otro pueblo en la zona norte del país, Tamaulipas. Estaban sin nada y muy pobres, así que buscaron familias que fueran más ricas y les pidieron quedarse como sirvientes en sus casas a cambio de comida y un lugar donde pasar las noches. Uno de los hombres ricos dijo que podía contratar al muchacho porque era joven y muy fuerte. Ese señor rico tenía una hija que era muy hermosa, con el pelo largo y castaño. El muchacho se enamoró de ella al instante. A ella también le gustaba él y sus ojos de color, y quería estar con él. Después de un largo tiempo de solo hablar por las noches a través de las ventanas, él tuvo que volver a su pueblo natal porque los c...

Ella y el tambien

Ella era una muchacha hermosa e inteligente. Él era un chico tímido y soñador. Estaba enamorado de ella desde hacía mucho tiempo, pero no se atrevía a decírselo. Un día, por casualidad, se encontraron. Él se acercó a ella con nerviosismo, y le ofreció una conversación. Ella lo aceptó con una sonrisa, y empezaron a conversar. Él le habló de sus pasiones, y ella le escuchó con atención. Ella le hizo preguntas, y él le respondió con sinceridad. Se rieron, se miraron, se gustaron. Ella sintió algo que nunca había sentido antes. Una emoción que le llenaba el pecho, que le hacía sentir mariposas en el estómago, que le hacía querer estar cerca de él. Él sintió que su sueño se hacía realidad. Que la chica de la que estaba enamorado le correspondía, que le hacía caso, que le hacía feliz. Empezaron a salir. Él le escribía cartas, le dedicaba versos y cuentos, le regalaba pensamientos. Ella le agradecía, le sonreía. Pero pronto, ella empezó a sentirse confundida. No sabía cómo manejar esa relació...

A buscarte

Las gotas golpean la ventana con una insistencia que parece personal, como si cada una llevara un mensaje cifrado solo para ti. Será un mes de tormentas constantes, así que ve preparando tu paraguas y tu impermeable. Pero no cualquier paraguas, sino aquel negro, con mango de madera, que encontraste en el desván, el que parece tener vida propia y te cuenta historias de otros tiempos cuando lo abres. Me encantaría ir a buscarte y acompañarte en tu regreso a casa, sería un placer. Imagino el trayecto bajo la lluvia, nuestras risas mezclándose con el ritmo de los charcos que salpican a cada paso, las historias que podríamos contarnos para olvidar el frío. Si de repente te encuentras con la tarde libre y el cielo despejado, recuerda que la ciudad tiene rincones que solo se revelan a quienes se atreven a explorarla sin rumbo, a quienes, como tú, llevan un paraguas lleno de historias y un corazón dispuesto a escucharlas.

Te lo voy a decir

Te lo voy a decir sin rodeos ni palabras de más: no te lo dije ayer, ni antes, ni la semana o el mes pasado, pero ya no puedo más. Quiero decírtelo de frente, solo dame un momento. Déjame respirar hondo y estirarme un poco, porque necesito concentrarme y tener valor. No te desesperes, ya casi estoy listo. Solo espero que tú también estés lista para oír lo que tengo que decirte. No quiero hacerte perder el tiempo… De pronto, ella me besó, me miró a los ojos y me preguntó: ¿Quieres que sea tu novia? ¿Es eso lo que me quieres decir? Él respondió: Sí, eso es lo que te quiero decir. Ella aceptó y él la abrazó.

De una desvelada

No logré dormir, tú fuiste el ladrón de mi reposo, en mi mente, tu recuerdo, tan vívido y hermoso. Soñar despierto contigo era mi único consuelo, atrapada en mis pensamientos, en un dulce duelo. A las 3:25 a.m., mis ojos se abrieron sin querer, y como antes te mencioné, no pude volver a adormecer. En el silencio de la noche, tu ausencia era el único sonido, un vacío resonante, profundo y extendido. La noche se entregó a la imaginación, sin ningún lamento, y ahora, a plena luz del día, con ojeras de agotamiento, entre la vigilia y el sueño, mi mente aún vaga sin fin, porque incluso a medio despertar, sigo pensando en ti.

Un beso lo que recibo de usted

Qué bella tarde, en compañía de su esencia, permítame invitarle un café, bajo la lluvia intensa. Deje que admire por un instante esos zafiros celestes, que resplandecen en su rostro, y en silencio, me teste. Contemplando cómo toma su café, en este sueño despierto, es un deseo que guardo, en mi corazón abierto. Mire qué excéntrico soy, al revelar lo que siento, perdone si me equivoco, pero es usted mi aliento. Me pone nervioso, pierdo el control, no es un invento, y al viento le grito, ¡qué bella es usted, es mi pensamiento! Espere un momento, veo cómo su mirada se transforma, levanta la taza, sopla al café, y mi alma se conforma. Toma un sorbo, lo deja, y con sus manos juega, sin pensarlo, se levanta, y mi esperanza se entrega. Se acerca tanto a mí, y en sus labios encuentro, el beso que anhelaba, el que guardo en mi centro.

Las exigencias

Hacía tiempo que no nos veíamos, una amiga y yo. Durante nuestra conversación, ella compartió conmigo, con cierta tristeza, que mantenía una relación con alguien a quien realmente no quería. Estaba con él debido a la presión de su familia y amigas, quienes insistían en que buscara compañía. A sus años, ya estaba preocupada por la idea de “quedarse atrás”. Entendía su preocupación, pero no quería hacerla sentir peor con comentarios bruscos y directos. Así que decidí ser franca y compartir mi opinión sobre la “obligación de tener pareja”. ¿A quién le importa si estás sola? ¿A quién le interesa si aún no has encontrado a tu persona especial? ¿Quién tiene derecho a presionarte para buscar compañía? En lugar de angustiarte por lo que otros puedan decir o por las burlas ocultas que puedan surgir, enfócate en conocerte y encontrarte a ti misma. Cumple tus sueños, establece metas, persigue lo que siempre has querido lograr y pasa tiempo con aquellos que te aprecian de verdad. Pero, por favor, ...

Escuchar

¿Cuántas veces nos detenemos solo en la cáscara brillante de las cosas, enamorándonos de una ilusión que se desvanece al tocarla? Es el laberinto donde todos, tarde o temprano, nos perdemos, un rito de paso hacia la madurez. En la antesala de ese viaje, rechazamos los mapas que nos ofrecen; nuestras voces internas y externas proclaman: “A mí no me pasará, mi historia es otra”. Nos volvemos sordos a los ecos de experiencias pasadas. Pero hay un atisbo de verdad en esa rebeldía. ¿Qué tal si esta vez es diferente? ¿Qué tal si quiero ser el cartógrafo de mi propio destino? Aunque, en algún recoveco de la conciencia, deberíamos reservar un espacio para la duda, para la posibilidad de caer, como nos previnieron, y así, aprender de nuestros tropiezos y levantarnos con más sabiduría. El tiempo, ese juez imparcial, eventualmente nos enseñará, a medida que los días se desplieguen como páginas de un libro por escribir. Y qué frustración se siente al observar a otro en un sendero parecido al que u...

Me enamoro

Me enamoro aún con la frescura de un adolescente, redactando cartas clandestinas, guardando en secreto la identidad de ella, la musa de mis dibujos y fantasías de paseos compartidos, soñando con un futuro en conjunto. ¿Demasiado cursi? Quizás, pero es la prueba de que mis relaciones anteriores no han logrado empañar mi visión del amor ni alterar mi manera de sentir; al final, lo esencial es extraer lecciones de los errores cometidos. Mi corazón ha sido fracturado, y debo admitir que también he fracturado algunos. A pesar de nuestros esfuerzos por evitarlo, resulta casi imposible no hacerlo; incluso con los más sólidos acuerdos entre dos seres enlazados por el afecto, siempre hay un fragmento del corazón que se queda con el otro. Cuando la calma regresa y hemos remendado nuestro corazón, deberíamos volver a abrirnos al amor. ¿Cuántas veces habremos perdido la chance de disfrutar y ser felices, saboreando las delicias del amor, solo por no otorgar una oportunidad, por no concedernos el p...

Día tras día

Desde hace ya tres años, vengo muriendo día tras día, sin razón aparente, en más de mil noventa y cinco formas distintas. Algunas muertes han sido atrozmente dolorosas, otras ridículamente absurdas, pero invariablemente, cada nueva mañana me halla resucitado en mi lecho. A pesar de este ciclo de muerte y renacimiento, el tiempo no se detiene para mí, y envejezco como cualquier mortal. Mi primer deceso ocurrió intentando cruzar la calle: un vehículo me arrolló mientras distraídamente consultaba mi celular. Ese día, mis padres recibieron la noticia; incrédulos, me contaron que no podían asimilarlo, pues apenas unas horas antes me habían visto partir de casa y, por la tarde, ya no estaba entre los vivos. Al día siguiente, mi madre me encontró deambulando por la casa; casi sufre un infarto, y mi padre, por poco, me mata él mismo, creyendo que les gastaba una broma macabra. Confundido, no comprendía lo sucedido, pero en el camino al hospital, la muerte me sobrevino de nuevo: caí por las esc...

¿Pero por qué estamos aquí?

Amigos míos, no quiero asustarlos, pero al parecer, la Tierra dejó de existir hace millones de años, y con ella, toda la vida que contenía. ¿Pero por qué estamos aquí? La idea es que somos la luz reflejada, la onda que sigue propagándose en el vacío del espacio. Para que me entiendan, recuerden que la luz que vemos de las estrellas proviene de astros que están a años luz de distancia y que, en algunos casos, esos astros desaparecieron hace millones de años, pero apenas percibimos su luz. Así como nacen estrellas, dentro de millones de años sabremos de ellas; cuando las descubramos, ya serán antiguas, pero nosotros las veremos como recién creadas.

El numero 7 y la realidad

Cuando Sandy cayó bajo el influjo hipnótico, se le instó a expurgar de su conciencia cualquier noción del número siete. Al retornar de aquel trance, se le solicitó que enumerara los dedos de sus manos; tarea que ella emprendió, ignorante del porqué. Inició el conteo por su pulgar izquierdo: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, nueve, diez, once. Sandy se sobresaltó, creyendo haberse adelantado en algún punto, y reanudó la cuenta: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, nueve, diez, once. Observó sus manos, intactas, sin ausencias, más el resultado no concordaba. Repitió el conteo varias veces, desconcertada por alcanzar el once sin comprender el motivo. Sandy fue reconducida al estado hipnótico, donde se le reintegró la noción del siete. La joven sintió alivio al poder contar hasta diez con los dedos de sus manos. El dilema de Sandy radicaba en que solo le habían hecho olvidar el siete; al contar los dedos, su mente anticipaba llegar al diez, pero chocaba con la realidad perci...

Salgamos a comer

Salgamos a comer, deseo contigo un buffet explorar, panes, gelatinas, frutas, verduras y carnes sin cesar. —Tú no comes carne— Mas tú sí, y por ti, quisiera ese lugar. O si prefieres, en casa podemos algo preparar, una sopa, tacos o pastel, un festín singular. —Tú no sabes cocinar— Entonces, ¿qué tal si algo pedimos para cenar? Una pizza, comida china, lo que sea a domiciliar. —Me gustan tus ideas— Mas aún no decidimos qué vamos a realizar. ¿Hacemos todas o ninguna? Es el dilema a consultar. —Empecemos con lo que tú puedas cocinar— Pues ya está, que no comeremos, mejor no hablar. Pediremos pizza y películas todo el día disfrutar. —Risas—

¿Qué te pasa?

¿Qué te ocurre? —Estoy exhausta, eso es todo— respondió ella con un suspiro que parecía cargar todo el peso del día. Eso ya lo sé, pero hoy hay algo distinto en ti, veo una sombra cruzando tu mirada. Cuéntame, confía en mí. ¿Qué te aflige? Ella se acercó y lo abrazó en silencio, buscando refugio en su calor. Él, entendiendo las palabras no dichas, le devolvió el abrazo con igual intensidad. —Hoy simplemente no fue mi día. Cada intento, cada esfuerzo, se desvaneció como humo entre mis dedos. Estoy decepcionada de mí misma— sus palabras eran un murmullo entre la seguridad de sus brazos. Escucha, ya sabes que la perfección es un horizonte inalcanzable, un espejismo que nos mantiene en movimiento. Hay cosas que escapan a nuestro control, pero lo que sí está en nuestras manos es la voluntad de superarnos. Y tú, tú lo haces excepcionalmente bien. Piensa en las carreras matutinas; al principio, un kilómetro te dejaba sin aliento, pero conociste tu límite y lo desafiaste. Entrenaste, persistis...

Pintora

La mujer, con un gesto suave y repetitivo, golpeaba su frente contra la pared, como si buscara despertar las ideas dormidas en su mente. Frente al lienzo, comenzó a pintar; las pinceladas danzaban en un caos controlado, los colores se derramaban sobre el suelo, formando una tormenta de sensaciones sin lógica. Entre lágrimas y gritos, su arte cobraba vida. Se desplazaba por la estancia con la urgencia de quien persigue o huye de un fantasma, y de pronto, se dejó caer, exhausta. Su respiración era profunda, y sus ojos, fijos en la obra, no se apartaban de ella. Se limpió las lágrimas, pero no se levantó; se sumergió en un mar de reflexiones donde el amor y el odio navegaban juntos, indisolubles. Finalmente, se puso de pie, y con una furia renovada, atacó su propia creación. Continuó dibujando, coloreando, utilizando brochas y pinceles de todas formas y tamaños, en una carrera contra el tiempo que avanzaba implacable, mientras las nubes se deshacían y el sol se escondía en su refugio noct...

Lluvias

Hubo un tiempo en que la lluvia marcaba mi cumpleaños, una cita ineludible con el cielo gris de enero. Eran días distintos, únicos, donde el plomizo manto parecía celebrar conmigo. Pero entonces, la lluvia cambió su curso, y con ella, mi percepción del tiempo y del clima, quizás como reflejo de los eventos que marcaron esos años. La lluvia, esa sinfonía que desciende del cielo a la tierra, se convirtió en mi cómplice de tristezas y melancolías, en el pretexto perfecto para abrazos y besos robados, en la amiga que me acompaña en juegos solitarios. Es la excusa para quedarme en casa, entre películas, libros y llamadas telefónicas. Bajo su manto, los recuerdos, los olvidos y los sueños de amor cobran vida, y los charcos se convierten en espejos de un cielo caprichoso, invitándome a ser niño otra vez, a cuestionar el porqué de su llanto, a temerle a los rayos y a rogar porque la luz no nos abandone. Y en medio de la lluvia, la cita perfecta, en un café cualquiera, observando a la gente que...

Temperamental

A veces, uno se encuentra demasiado temperamental, incapaz de soportar a nadie, de escuchar los problemas ajenos o de recordar las propias responsabilidades. En esos momentos, lo mejor es refugiarse en el silencio, entregarse a una actividad distinta o continuar con la tarea en curso, pero con una actitud renovada, relajada, sin prisas. ¿Qué podría suceder? De alguna manera, todo debe resolverse bien. Es esencial enfocar la mente en un único objetivo, concentrarse, respirar hondo. El dolor de cabeza puede ser intenso, hasta el punto de enfadarnos con nosotros mismos, pero no hay otra alternativa que borrar todo lo demás y, como ya lo mencioné, concentrarnos en un punto fijo, casi de manera inercial, como quien ata las agujetas de sus zapatos sin pensar, simplemente haciéndolo y ya. Una vez que hayas terminado con todos los pendientes, aíslate por un momento o busca compañía, según lo que te acomode mejor. Distraerse un rato del trabajo y de las responsabilidades es necesario; a veces q...