Regresas, tras el largo andar, a tu morada, los libros, ansiosos, por tus ojos claman, los muros, impregnados de tu existencia, se visten de gala y de alegría. El espejo, paciente, en tu cuarto reposa, emocionada de capturar tu gracia y hermosura, mientras el aire, único, de hogar te envuelve, diferente, familiar, lleno de tu esencia pura.
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