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Un amor así deseo

Un amor así deseo, vasto como el universo, que se expanda sin fin, acelerado y diverso. Un amor que, en su esencia, nunca sea adverso, y en cada latido, nos brinde su verso.

En un bosque

En un bosque donde el tiempo se enredaba entre las ramas, caminé con desgana, rodeado de árboles cuyas hojas derramaban lágrimas. Sus troncos, tallados por la naturaleza, tenían rostros humanos que expresaban una tristeza ancestral. Ella, mi compañera de aventuras percibió mi desconfianza y, con una mano sobre mi hombro, me instó a continuar. "El sendero nos espera", dijo con una voz que disipaba la niebla de mis dudas. A pesar de la melancolía que impregnaba el aire, sus palabras me llenaron de valor. Juntos, seguimos adelante, cada paso un desafío, cada suspiro una promesa de misterios por descubrir.

Fingimos

Es una pena, sí, cerrar los ojos, ante el brillo tenue de la luna en el mar. Esperar en vano que entiendas, la melodía oculta en el viento al pasar. ¿Acaso no es tristeza lo que nos invade? Un corazón herido, pulsando en la soledad, ¿qué puedo yo ofrecerte? si ya no soy parte de tu realidad. Fingimos, es cierto, qué triste es la verdad, permanezco aquí, en la penumbra del final, solo añadiendo más sombras al dolor. No hay deshonor, en lo que pretendemos ser, tú y yo, actores de una obra sin guion, tú eliges cerrar los ojos, y yo, en silencio, respetaré tu decisión. Déjalo ir, no hay más que insistir, es una pena, sí, dejar que el tiempo se nos vaya así, en suspiros que se pierden en el ayer. Mirar sin ver, sentir sin amar, ¿no es acaso la mayor pena? Yo también lo creo, es nuestra cruda realidad.

Las cadenas de cristal

Tararea esa melodía, que nos envuelva el crepúsculo estival, en cada ocaso a solas, a Dios queremos aclamar, cantando juntos, una oda al amor sin final. Venus y Saturno, en el firmamento juegan al esconder, tras la luna se ocultan, como amantes que no pueden ser. Déjate bañar por la luz, caminando sobre el río sereno, cruza el puente de madera añejo, construido para encantar, los sueños de los que aman, buscando en la orilla opuesta su lugar. Las cadenas de cristal resplandecen, no temas liberarte de ellas, pueden cortar, es cierto, pero es preferible la libertad, a ser cautivo por una eternidad.

Solo quiero decir

Falta expresar, solo una cosa, que perdure, hasta el final. No es preciso, me parece a mí, pronunciarlo, aunque nervioso esté. No es sencillo, lo reconozco, pero deseo declarar, algo esencial, y es que yo, sinceramente, te amo.

Solo por esta vez

Solo por esta vez, intentaré no plasmar la tristeza, mas no puedo ocultar, que mi corazón de nuevo llora. Es un pesar, que los amantes, aún sin encontrarse, deban en sufrimiento morar. Los ríos murmuran, y mi corazón se fractura, intentaré disfrazar, cubriendo tus ojos con mi palma. Existe una razón, para hallar inspiración, un suspiro se escapa, por un anhelo profundo y sin razón. Carrozas de dulce acuarela, a través de mis lentes de cristal redondos, mi corazón observo, como un caleidoscopio de emociones y sueños. Abrazo el viento, aunque no lo percibo, le hablo al peñasco, y su mutismo me desasosiega. Pienso que regresaré, al origen de mi sendero, y lo intentaré, una vez más, con esmero.

El sultán y el vagabundo

En un reino de contrastes, vivía un sultán, sumido en la insatisfacción de su existencia dorada. Rodeado de riquezas y poder, se ahogaba en un mar de compromisos y formalidades. En ese mismo reino, un vagabundo deambulaba, dueño únicamente de los harapos que vestía, marcado por la desdicha de una vida errante. Una mañana, el sultán se asomó a su ventana para contemplar el sol y, al divisar al vagabundo, suspiró por la libertad que creía ver en él. El vagabundo, al pasar junto al palacio y observar al sultán, anheló la opulencia y el poder que este poseía para erradicar la miseria. Una hada caprichosa, testigo de sus deseos ocultos, decidió intervenir. Con un hechizo susurrado —"Triste realidad, dulces mentiras"—, alteró el curso de sus destinos. Al amanecer, el sultán despertó en la piel de un mendigo, enfrentando la crudeza de la indigencia y la enfermedad sin una mano amiga. El vagabundo, ahora sultán, se vio atrapado en una vorágine de crueldad y codicia. Ambos, desorienta...