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El sultán

Desde la estancia principal, un sultán de corazón noble y mirada humilde se desplazaba hacia el patio, su ritual diario, para deleitarse con el canto de su preciado canario. La música que el ave tejía era su más hermoso tesoro, y su corazón vibraba al compás de aquellas melodías encantadoras. Pero aquel día, el sultán notó el deterioro de la jaula que albergaba a su canario, una estructura dividida en cuartetos simétricos, donde la seguridad de su compartimento dejaba mucho que desear. Con sumo cuidado, tomó al canario entre sus manos y lo trasladó a un rincón más seguro de la jaula, aunque observó con inquietud los orificios que salpicaban el lugar, portales a la libertad que el canario podría anhelar. Al abrir la puerta y situar al canario en su nuevo aposento, el sultán sintió una efímera felicidad. No pasó mucho tiempo antes de que el canario encontrara un resquicio por el cual escapar y volar lejos, dejando al sultán impotente y sumido en lágrimas. Sin embargo, la sorpresa inundó ...

La carrera

En la antigua Grecia, donde los dioses jugueteaban con los destinos de los hombres, se celebraba una carrera sin igual. Era un desafío que invitaba a los atletas de todo el país a desafiar los límites de su mortalidad, recorriendo la frontera entera para luego regresar al punto de partida. Solo tres héroes, cuyos nombres resonaban como ecos de gestas pasadas, respondieron al llamado. El alba del día señalado trajo consigo la tensión de la espera y la promesa de la gloria. Los competidores, estatuas vivientes de la perfección helénica, se alinearon en la salida. Pero entre ellos, una sombra pasó inadvertida, un hombre más se sumó a la lista, un cuarto concursante cuya presencia era un misterio. Era el ciego, aquel que, sin ver, veía más allá de lo que los ojos pueden contar. Nadie osó reír, pues en su silencio, había un respeto tácito, y sin reglas que prohibieran su participación, la carrera dio inicio. Los atletas, como flechas despedidas por arcos divinos, se lanzaron en su cometido....

Sueños efímeros

Aquí estás, en el silencio de mis plegarias, aquí te siento, en el espejo de mis lágrimas. ¿Qué esperas para cruzar el umbral? Sueños efímeros, tormentos que devastan, días agotados de no poder verte más. Noches frías, sin tu presencia en mis brazos. Pero no te olvido, pues en mi alma estás, te amo, eres el aire que respiro, la eterna e inmutable verdad.

Ya no soy

Me sumerjo en el vacío, por mi destino, alma en desafío, olvidé ya el llanto derramado, en este abismo, oscuro y callado. Ya no soy quien era ayer, transformado, lo debo reconocer, los tatuajes se desvanecen lentos, dejando marcas, de mis tormentos. Venas desgarradas, nervios rotos, en mi ser ya no quedan votos, no hay más que pueda hacer, perderte, eso sí puedo temer. El tren de las tres ya está aquí, subiré, de esta realidad huir, la piedra de mi castigo cargaré, y hacia el infinito viajaré.

La luz de la voluntad

En la noche más profunda, cuando la salida parezca esfumarse, resplandecerá una luz intensa, la sombra se disipará, y la claridad se impondrá. No hay razón para el temor, mientras en el firmamento, las estrellas dan consuelo, la esperanza se mantendrá. Que tiemblen los que al mal se entregan, y aquellos que su culto riega, pues al ver la luz de la voluntad, lamentarán su oscuridad. Sigamos en nuestra senda, aunque el dolor nos tienda, la gloria al fin será vista, luchemos por nuestra justa conquista. Y si en la lucha caemos, con más brío nos levantemos, el mundo es nuestra estancia, y la luz de la verdad, nuestra guía. El mal ya no tendrá cabida, no lastimara la bondad querida, que de nuestros corazones brota, como fuente de vida remota.

Solo de ti

Me enamoro, quedo hechizado, conquistado, en un efímero instante, un momento alado, tu rostro vi, y con tu sonrisa me obsequiaste, bastó ese segundo, en amor me transformaste. Sabrás que mi palabra es sincera y fiel, mírame a los ojos, verás que es cierto, que mi corazón late fuerte por ti, pero anhelo saber, ¿Qué sientes tú por mí? Deseo despertar cada día a tu lado, vivo un amor platónico, sublime y gentil, enamorado de ti, solo de ti, y de nadie más que de ti.

Es una dama

Es una dama de encanto sin igual, con ojos que destellan coquetería y luz solar. Tan amable es la joven, de sonrisa sin par, que en sus clases de ballet, danza sin cesar. Misteriosa en su esencia, guarda un secreto sin final, un angelito en su caja musical. Al abrirlo, melodías empiezan a brotar, cantos celestiales que solo ella podrá escuchar. No es como cualquier otra, su brillo es especial, y por eso le dedico esta canción sin igual. Para que al oírla, pueda en mi amor hallar, la misma magia que en sus ojos puedo yo admirar. Coleccionista de plumas, su escritorio un festival, de pulseras tejidas con pasión y arte manual. Y en su mundo de colores, nunca puede faltar, el orden en su cajón, donde los sueños va a guardar.