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Rechazo

No soy de los que siguen la corriente, más puedo fingir, que el dinero y revistas vanas me pueden seducir. Puedo parecer interesado en la moda que, visto, más anhelo ser invisible, y en el intento, insisto. A cada paso, siento los ojos del mundo escrutar, murmullos que se tornan en dardos, buscando dañar, disfrutan al ver caer los castillos que otros han de alzar. Impiden que construya mi propio universo, no seré arrastrado por su curso adverso. No deseo ser uno más en su juego, no lo lograrán, no cederé ante su ego. Jamás me arrodillaré ante su altar, soy el arquitecto de mi vida, mi propio avatar. Rechazo ser esclavo de modas, del oro, de la fama, prefiero ser un vagabundo, mi libertad proclama. Con ropa gastada y barba al viento, uñas terrosas, mi aspecto es mi argumento. El mundo será mío, no del reloj ni su tic-tac, observaré a todos crecer, en su frenético actuar. Ignoran su rumbo, aceleran sin saber por qué, no perciben que hay más allá de lo que pueden ver. Más que un papel son...

Hoy me enamoré

Hoy me enamoré, si acaso hubiera desviado la mirada, quizás nunca te hubiera encontrado. Pero este es mi día, mi fortuna marcada, al conocer a alguien tan especial como tú, he sido agraciado. Mi corazón palpita con fuerza sin igual, tu rostro, un sueño que en mi mente se quedó. Inagotable es mi deseo de alabar tu belleza sin par, mil poemas escribiré, y aún así, no será suficiente, lo sé yo. No hay papel en el mundo que pueda contener, la descripción de tus ojos, su hermosura sin fin. Quizás en tu puerta flores anónimas aparezcan al amanecer, con el perfume más exquisito, un gesto sutil. Solo tú tienes el poder de detener este fervor, con un simple "no" podrías cambiar mi destino. Me enamoré de alguien, y si no fuera por ese giro, tal vez nunca te hubiera conocido. Pero hoy es mi día, y en él me regocijo, solo tú, con un "no", podrías frenar este amor mío.

En el bar de los viernes

Te contare mi historia, sin mirarte a los ojos, con un cigarrillo que disimula mi rostro cansado. Ya no puedo llorar en silencio, el vacío se adueña de mi ser, desolado. Nada queda por hacer, solo observar cómo el reloj consume el tiempo, me veo en el espejo, ¿debo acaso mentir? No soy actor de dramas baratos, ni pretendo. Desearía no ser quien soy, para no sentir este dolor profundo, ser como una piedra en el suelo, olvidado, pero no una que tropieza con el mundo. En el bar de los viernes, observo risas ajenas, mientras divago en trivialidades contigo, solo tú me acompañas al cerrar las puertas, aunque seas sombra, entiendes mi abrigo. Puedo rozar las estrellas, surcar el cielo estrellado, más apaciguar mi alma es lo que no consigo. Maldigo el instante en que comencé a narrar historias sombrías en el sofá del olvido. Te ofrezco un cigarrillo, amigo mío, permíteme desahogar señalando al que sonríe al mundo, un ingenuo que desconoce el sabor del fracaso, volteemos la vista, hay más en e...

El abuelo

En una noche invernal, la luna se ocultaba tras un velo de nubes espesas. La nieve caía con una calma engañosa, y la quietud reinaba soberana. En una casa, indistinguible de las demás, un anciano buscaba el calor de la chimenea. Vestía un pijama a cuadros y unas pantuflas mullidas; en una mano sostenía el periódico y en la otra, una pipa aún por encender. Tras un día exhausto, se acomodó en su sofá, buscando el consuelo del fuego, la compañía de las noticias impresas y el sosiego que prometía su pipa. Pero un estruendo perturbó la habitación, y un frío glacial se coló por la ventana. Con un gesto mecánico, la cerró y retomó su lugar, intentando reanudar la lectura. No obstante, golpes en el cristal lo sacaron de su ensimismamiento; al investigar, descubrió una rama que azotaba el ventanal. La apartó y selló de nuevo su refugio. El reloj de la sala avanzaba con parsimonia, y mientras el anciano fumaba, el fuego de la chimenea se extinguió. Irritado, buscó más leña, se abrigó y salió al ...

Sobre la mesa

Hoy, el periódico en mis manos cayó, tarde ya era, y mi café me despertó. Sobre la mesa, el sueño desvaneció, mientras una nota extraña mi atención robó. "El universo es un sueño", decía con audacia, una idea, sin duda, de lunática gracia. El reloj de pared marcó la hora y desperté, "¡Dios mío!", exclamé, "¡las seis ya son!", tomé mi ropa, al tren corrí, sin razón. El señor de la calle ochenta y tres, me gritó que al revés mi carrera fue. Antes de la oficina, un saludo envié, al hombre de la esquina, que siempre está de pie. Observa a la gente, sin más que hacer, vestido de gris, sin nada que temer. Las palomas en él se posan sin pena, su compañía diaria, su rutina serena. Por la tarde, a la señora M. fui a ver, sus historias de juventud, un placer escuchar. Me contó de la guerra, de estrellas salvar, de un cielo que amenazaba con desplomar. De regreso a casa, reflexiono en el andar, las palabras de la mañana vuelven a resonar. "Cuando alguien te ama,...

Hoy

Hoy platique con alguien a quien empiezo amar, y por mi mente circulaban ideas tontas al azar.

Mi vida

Mi vida, un fractal desplegado, tan compleja que no puede ser acotada, en cada punto, un detalle hallado, un patrón que se repite, nunca errado.