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Sobre la mesa

Hoy, el periódico en mis manos cayó, tarde ya era, y mi café me despertó. Sobre la mesa, el sueño desvaneció, mientras una nota extraña mi atención robó. "El universo es un sueño", decía con audacia, una idea, sin duda, de lunática gracia. El reloj de pared marcó la hora y desperté, "¡Dios mío!", exclamé, "¡las seis ya son!", tomé mi ropa, al tren corrí, sin razón. El señor de la calle ochenta y tres, me gritó que al revés mi carrera fue. Antes de la oficina, un saludo envié, al hombre de la esquina, que siempre está de pie. Observa a la gente, sin más que hacer, vestido de gris, sin nada que temer. Las palomas en él se posan sin pena, su compañía diaria, su rutina serena. Por la tarde, a la señora M. fui a ver, sus historias de juventud, un placer escuchar. Me contó de la guerra, de estrellas salvar, de un cielo que amenazaba con desplomar. De regreso a casa, reflexiono en el andar, las palabras de la mañana vuelven a resonar. "Cuando alguien te ama,...

Hoy

Hoy platique con alguien a quien empiezo amar, y por mi mente circulaban ideas tontas al azar.

Mi vida

Mi vida, un fractal desplegado, tan compleja que no puede ser acotada, en cada punto, un detalle hallado, un patrón que se repite, nunca errado.

El llanto de la niña

En un tiempo que se desdibuja en la memoria, donde los océanos no eran más que un murmullo futuro y la sed del hombre era tan palpable como su propia piel, vivía una pareja en los confines de lo habitado. Esperaban, con esa mezcla de temor y deseo que preceda a lo desconocido, la llegada de su primer hijo. El cielo, en su inescrutable designio, les concedió su anhelo, pero el regalo venía con un precio oculto en las pequeñas letras del destino. La niña nació bajo un sol que no sabía de océanos, y sus padres se inundaron de alegría al escuchar su llanto; un llanto que, con el tiempo, se revelaría como un eco de algo más profundo y perturbador. La madre, con esa intuición que parece brotar de las raíces mismas de la tierra, siempre supo que había algo más en las lágrimas de su hija, algo que el padre, con su lógica de superficies, tardaría en aceptar. El llanto de la niña no conocía de pausas ni de olvidos; era un río constante que fluía día y noche, y que pronto se convirtió en una fuen...

En el puente de las ilusiones

Era una tarde que prometía ser inolvidable. El puente, testigo de tantos encuentros y despedidas, se preparaba para ser el escenario de una historia de amor. Él estaba allí, con un ramo de flores tembloroso entre sus manos, esperando a la mujer que, según las estrellas, sería su destino. Los minutos pasaban con la lentitud de las hojas cayendo en otoño, y cada segundo era un pétalo más que se desprendía de su corazón expectante. A lo lejos, una figura comenzó a tomar forma entre la bruma de la ciudad; era ella, acercándose con la timidez de quien también siente que el universo conspira a su favor. El encuentro fue un abrazo que intentó detener el tiempo, un abrazo en el que se fundieron promesas y sueños. Pero el destino, caprichoso y burlón, decidió que su amor sería tan efímero como intenso. Media hora después, el adiós llegó, dejando un vacío que solo el verdadero amor podría llenar. Con el corazón aun latiendo al ritmo de lo que pudo ser, él vio cómo su vida se convertía en un carr...

Hoy te contaré

Hoy te contaré la triste historia de un varón, que creía tenerlo todo en su posesión, más descubrió su soledad sin condición, en la cima estaba, sin ver más que su ilusión. Sentado en el bar, con una bebida en la mano, sentía el saludo de la gente, un gesto cotidiano. Observaba la vida desde su alto trono, más nunca sintió lo que es ser un humano. Cantaba a un amor que jamás pudo hallar, recitaba versos que el viento se llevará. El tiempo, eterno, no cesaba de pasar, su piel se tornaba gris, su mirada al cielo va. Nunca supo qué esperaba encontrar, y así, entre la nada, su vida fue a naufragar. Creía que en la soledad podría hallar, aquel algo que le diera la felicidad. Esta historia, ve, no suena tan mal, pues yo soy ese hombre en su pedestal, que buscó sin cesar, en su soledad, y al final, comprendió, nunca tuvo su mitad. Soy aquel que miraba desde su altura, creyéndose dueño de toda la ventura, pero al final de su búsqueda, en la noche oscura, comprendió que, sin amor, no hay vida q...

Me preguntas qué es amor

Me preguntas qué es amor, y yo respondo sin temor: Amor es cuando los sentimientos fluyen con fervor, solo el amor genuino y real es el mejor mentor. Y cuestionas, ¿qué tiene más valor? ¿El amor del corazón o el de la razón? Tras un momento de reflexión, mi conclusión: Ambos son de igual estima y honor. Si solo del corazón el amor procediera, la razón se ciega, y el dolor no se supera. Un corazón sin razón es ingenuo y sufre en soledad. Mas si solo de la razón el amor emanara, sería utilitario, ignorando lo que el corazón aclara. Una razón sin corazón es fría y carece de verdad. No obstante, cuando ambos se entrelazan, surge el amor verdadero, que todo lo abraza. El corazón y la razón juntos son deleite, la razón y el corazón en conjunto son concierto perfecto. Al final, tú eliges, tú lo vivirás, y cuando lo experimentes, ven, háblame más.